lunes, 12 de diciembre de 2011

estaria aun ahi?

La mire fijamente mientras se cerraba la puerta del vagón. No había mucha gente, así que desde mi lugar pude observarla detenidamente con curiosidad, casi con nostalgia. Estaba de pie con la mirada fija en algún punto distante, absorta. El vagón dejó de sonar la alarma de la puerta y comenzó a caminar lentamente. Pude observarla algunos instantes más, como se alejaba de mi, quedándose sola en aquella estación de metro. Volví la mirada a mis pies. A veces cuando estoy cansada no puedo de dejar de echarle un vistazo a mis pies, como si se quejaran del polvo que se les acumula sobre los zapatos. Pensé en ella casi con tristeza. Una parte de mi casi sale del vagón para regresar a su lado, pero me quedé ahí, mirando mis pies mientras el metro seguía su camino deteniéndose en cada estación, alejándome de ella. ¿Sabría como regresar a casa? Se perfectamente a qué huele su hogar a esta hora, por qué ventanas entra la luz y qué vecino hace ruidos en el techo. Me la imaginé haciendo café y sirviéndoselo en su taza roja, prendiendo las velas del comedor. Casi podría decir que pensaba en ella con mucha nostalgia. Pero era suficiente, estaba harta de ella, de su mediocridad, de su morriña endemoniada, de su soledad recurrente. Estaba harta de su falta de entrega, de sus miedos y no podía resistir un minuto más con ella. Me decidí ir, escaparme y la dejé ahí, solitaria en una estación del metro…

Tomé el autobús de regreso a casa. Estaba agotada. Regresé a la casa que parecía demasiado obscura, prendí todas las luces y abrí las ventanas para que entrara la luz que quedaba del día. Me sentía feliz y ligera. Qué mas daba si se hacía tarde, tomé mi abrigo y salí, la noche vendría fría y lluviosa, pero pensé que me vendría bien salir por un café, qué se yo, tomarme un drink con algún amigo.

Pero no llegué muy lejos, tomé el vagón de regreso con mucha angustia, corrí por las escaleras y tomé el metro que regresaba. El sudor me recorría el rostro, jadeante miraba cuantas estaciones faltaban. ¿Estaría ella aún ahí? Pero fui una tonta. Se abrieron las puertas y yo con un empujón salí desesperada a buscarla, agité mi cabeza de un lado a otro pero no estaba más. Se había ido.
Estrella Ríos

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