Si apago la luz, miro las sombras, y le doy vueltas al día, comienza la disputa. Nada se mueve, no hay silencio ni ruidos, tan solo yo que lloro. Las lágrimas tibias caen en mi cara, resbalan, me ahogan. Es tiempo de hacer que este dolor valga la pena. Tomar el paso. Nada va a cambiar si no pongo un dolor en la herida, una herida que es como arena, en aire. No hay nada.
Pero basta de preguntas al pasado. Basta de reproches al futuro. Basta. Lo único hoy es llevarlo a cabo. No quiero estar sola. No quiero tampoco preguntarme por que, cien veces por que. Con una basta. Pues todas tienen la misma respuesta.
Soy débil a ciertos momentos del día, a ciertas modulaciones de voz, a ciertos sentimientos, a ciertos gastos, y eso me hace más vulnerable que las heridas físicas. Sobreponerse a tanto silencio, a aburrirse, a los días lentos, a hablar en singular, a la imagen pública… Detenerse. Quererse. Barrer con cosas a la que se les quiere, por pura costumbre visual.
Casi quiero poner letreros para advertirme que los momentos de debilidad vendrán… y que no sabré resolverlos… pues tengo tanto miedo… que me olvido… me olvido.